La cineasta argentina Ingrid Pokropek está en la Berlinale con su filme debut, Los tonos mayores, un “coming-of-age” que mezcla el interés de la realizadora por la adolescencia y por lo sobrenatural y en el que la música y el código morse pueden ser el camino para descifrar mensajes secretos.
En entrevista con EFE, la realizadora explicó que quería hacer una película con una protagonista de catorce años particularmente, por parecerle una “edad rara, medio puente hacia la adolescencia” y le gustaba la idea de que por medio de su cuerpo recibiera un mensaje, le llegara un código morse.
Los tonos mayores narra la historia de Ana, una adolescente de catorce años, que durante las vacaciones de invierno comienza a sentir impulsos rítmicos a través de una placa de metal que tiene en el brazo por un accidente que sufrió de pequeña.
No se lo cuenta a su padre, con el que vive en Buenos Aires, pero sí a su amiga Lepa, que compone una pieza musical inspirada en las señales que recibe Ana.
Tras una discusión con Lepa, Ana pasea sola por las calles una noche y conoce casualmente a un joven soldado que le revela que lo que realmente hay detrás de los impulsos rítmicos es código morse.





