Redes alteran cerebro de menores, dicen especialistas

4 thumbnail

Especialistas convocadas por el Gobierno federal alertaron este lunes que el uso excesivo de redes sociales, videojuegos y otras plataformas puede modificar el funcionamiento cerebral de niñas, niños y adolescentes.

Durante la conferencia mañanera, Tania Jiménez García, especialista en prevención de adicciones, y Lucía Magis-Weinberg, investigadora en neurodesarrollo de la Universidad de Washington, presentaron un análisis sobre los efectos negativos del creciente fenómeno.Jiménez García aseguró que, de mantenerse el tiempo que actualmente destinan a las plataformas, las nuevas generaciones perderán 20 años de su vida utilizando redes sociales.»No solamente se trata de que un niño sea apático, sino que ya su cerebro puede funcionar de manera distinta. Se puede recuperar el cerebro, por supuesto, con el tiempo y el proceso adecuado», explicó.

La especialista afirmó que las redes sociales y los videojuegos generan una liberación de dopamina superior a la producida por actividades cotidianas como hacer ejercicio, concluir una tarea o alcanzar una meta.Ante esa sobreestimulación, explicó, el cerebro reduce la producción del neurotransmisor y oculta algunos de sus receptores como mecanismo de defensa, por lo que actividades que anteriormente provocaban satisfacción dejan de generar el mismo placer.»Cuando realizamos estas actividades de las que hablamos al inicio, esta es la cantidad de dopamina que vamos a liberar y estas actividades que antes nos generaban placer y satisfacción ahora no nos van a generar tanto placer», señaló.Jiménez García agregó que el uso problemático de la tecnología también afecta la corteza prefrontal, encargada de la atención, la concentración, el control de impulsos, el manejo de emociones y la toma de decisiones.Explicó que esa región es la última en desarrollarse, lo que aumenta las dificultades de los jóvenes para concentrarse, controlar sus reacciones, ser pacientes y solucionar problemas.La especialista sostuvo que el uso problemático de la tecnología comparte características con otras adicciones, entre ellas pérdida de control, deseo intenso, tolerancia, malestar al suspenderla y persistencia pese a consecuencias negativas.»Decimos que vamos a estar cinco minutos en el celular y ya llevamos dos horas», ejemplificó.Añadió que el problema puede reflejarse en conflictos familiares, bajo rendimiento escolar, afectaciones laborales, irritabilidad, ansiedad y enojo cuando se intenta limitar el acceso a los dispositivos.Aclaró que sólo un especialista puede diagnosticar una adicción y que la presencia de uno de esos síntomas no significa necesariamente que exista ese padecimiento.

Sin frenosMagis-Weinberg explicó que el sistema límbico, relacionado con las emociones, la información social y las recompensas, madura alrededor de los 15 años, mientras que el sistema de control cognitivo termina de desarrollarse entre los 20 y los 25.La investigadora señaló que ese desfase deja a los adolescentes con un sistema de recompensas plenamente activo, pero con una capacidad todavía en desarrollo para controlar impulsos, regular emociones y valorar las consecuencias de sus actos.»Tenemos un auto, en esta metáfora, con un acelerador muy potente y un freno todavía en desarrollo», resumió.Advirtió que esa condición vuelve a los adolescentes más susceptibles a los malos hábitos, la presión de sus pares y los problemas de salud mental, aunque también favorece la exploración, el aprendizaje y la formación de relaciones.Magis-Weinberg sostuvo que el uso constante de dispositivos ha reducido el tiempo de atención frente a una pantalla antes de que una persona se distraiga.»Hace 20 años podíamos pasar dos minutos y medio frente a una pantalla haciendo una tarea. Ahora pasamos 47 segundos antes de distraernos», afirmó.Agregó que la exposición permanente a las pantallas genera más distracciones, cambios frecuentes entre tareas, errores, frustración, estrés y un mayor esfuerzo para mantener la concentración.La especialista también alertó que la luz azul y las notificaciones retrasan y fragmentan el sueño, mientras que el tiempo frente a las pantallas favorece el sedentarismo e interrumpe la convivencia personal.

Piden límitesMario Delgado, Secretario de Educación Pública, advirtió que los dispositivos ya no son herramientas pasivas, debido a que aprenden de los usuarios, capturan su atención e intervienen en sus rutinas y conductas.»Cuando las niñas, los niños y los adolescentes interactúan con ellos, la reflexión adquiere otra dimensión, porque no estamos hablando únicamente de hábitos que cambian, sino de hábitos que se forman mientras se está formando el cerebro, y esto será determinante para toda su vida», sostuvo.El funcionario señaló que los algoritmos responden a intereses comerciales, premian las polémicas que dividen y convierten al otro en alguien a quien derrotar, en lugar de una persona a quien escuchar.Las especialistas recomendaron establecer límites y tiempos de desconexión, modelar hábitos saludables en los hogares, fortalecer la convivencia y el aprendizaje presencial y formar a los docentes como guías digitales.También plantearon contar con plataformas seguras y adecuadas para cada edad, así como establecer regulaciones para proteger y educar a los menores.La Presidenta Claudia Sheinbaum informó que el Gobierno concentra la información de los especialistas para ponerla a disposición de madres y padres de familia y tomar decisiones de protección.»Entre todas y todos tomemos una serie de decisiones para proteger a niñas, niños y adolescentes en esta etapa formativa de su vida, en donde el uso excesivo de las redes sociales y el celular puede tener implicaciones para el resto de su vida», expresó.Esta es la segunda semana consecutiva en la que el Gobierno federal aborda en la conferencia mañanera los efectos de las redes sociales y las plataformas digitales sobre niñas, niños y adolescentes.