¿Reforma a la pensiones sin apoyar a las empresas?

¿Qué tanto será contraproducente la reforma? Sin apoyos reales al sector productivo, me temo que bastante.

En la mañanera del miércoles, el presidente AMLO tuvo en su presídium a empresarios, líderes sindicales y legisladores de Morena. ¿El objetivo? Además de anunciar una iniciativa de reforma al sistema de pensiones, demostrar una ¿unidad? detrás de una propuesta que finalmente le pareció viable. Porque si no él, sin duda su partido, Morena, evidentemente buscaba otra cosa: que el gobierno fuera el único administrador de las pensiones. Ya no será así, pero ¿funcionará lo nuevo?

En particular, nótese el mensaje que quizo enviar al solo tener presentes a las cabezas de bancada de su partido, Morena, Ricardo Monreal y Mario Delgado. ¿Avisa y pavonea de antemano que no requiere a la oposición para conseguir su santa voluntad? ¿O era necesario convencer a los suyos que ya se hacían dueños de las pensiones?

Y el acompañamiento por empresarios y sindicatos tampoco significa una alianza con unos y otros: los usa y, hasta cierto punto, humilla. En cuanto no sean necesarios, los sacará (de nuevo) por la puerta trasera.

Carlos Salazar, ¿estrellita o estrellado?
Lo que es peor, ante la desesperada petición de empleados y empresas —muy señaladamente por parte del CCE, cuyo representante, Carlos Salazar, estaba ahí presente— de recibir apoyo inmediato en esta crisis económica tan terrible por la que atravesamos, la respuesta del gobierno federal es… “la tendrán a partir del 2023”.

De acuerdo a diversas estimaciones serias, entre ellas la del INEGI que aquí cito, al menos un 30% de las empresas que hoy requieren esa urgente ayuda no estarán para entonces. No sobrevivirán a la debacle económica. A eso se añade que, en estos momentos, hay un tercio de los hogares del país donde al menos un integrante perdió su trabajo por el COVID. En el 65% de los mismos, hubo una pérdida de ingresos. (Encuesta sobre el impacto económico generado por el COVID del INEGI).

Eso sí, ante las 68 propuestas (medidas y acciones) presentadas por el CCE y demás cámaras de empresarios en las que de forma conjunta, gobierno/empresarios/trabajadores podían hacer frente a la crisis económica que ya estamos sufriendo, la respuesta del gobierno ni siquiera fue un acuse de recibo.

AMLO utiliza a Carlos Salazar. Hace un año lo trató como un amigo e hizo ver a los empresarios que tendrían así una vía directa al gobierno. En plena epidemia del COVID, López Obrador decidió no responder a las propuestas del líder empresarial, de hecho hubo un distanciamiento entre ambos. Para otra vez, a cambio de llevarlo a su lado, ha tenido que forzar la mano del empresariado. ¿Vale tanto estar en “buenos” términos con el presidente?

Transmisión de costos
Las cosas claras. Una reforma al sistema de pensiones es necesaria. Lo que se propone sin embargo no es necesariamente lo adecuado y ciertamente no será suficiente. Tampoco es todo lo que se ufanaron. Algo ayudará, pero hasta ahí. ¿Qué tanto será contraproducente? Si no se toman otras decisiones, me temo que bastante.

La reforma en cuestión tiene costos altos tanto para los empresarios como para los trabajadores. De hecho, sin apoyos reales al sector productivo, tiene todos los elementos e incentivos para aumentar el trabajo informal.

Hoy en día, un empresario además del salario, paga impuestos e inversiones. Por cada trabajador paga el ISN (Impuesto sobre la Nómina), la tercera parte de la cuota del IMSS del trabajador, el 5% de su fondo para el retiro y debe retener los impuestos. Con la iniciativa el porcentaje para el fondo aumentaría al 13%. Lo cual se traduce como un costo que impactará en el costo de los procesos productivos.

Ante lo cual, el empresario tendrá dos opciones: incrementar el precio de sus productos en proporción, lo que significa pasar el costo a los consumidores. El problema de ello, es que hoy en día, con los productos e insumos importados, eso se volvería insostenible. O bajar la calidad del producto, con lo cual el empresario será competitivo hasta que los consumidores se den cuenta que es caro para su degradada calidad.

Para el caso de los trabajadores, la reforma también tendría un impacto negativo. Al incrementarse los costos por cada empleado contratado, el empresario también puede decidir en no retenerlo, lo que acrecentará el sector productivo informal o subcontratado.

Al no tener ningún tipo de seguridad social, los costos de vida, se incrementan para los trabajadores. Desde el gasto de bolsillo por acudir a consultorios médicos de farmacias, cuando ellos ya pagan parte del IMSS. Hasta quedar en una situación precaria por carecer de mecanismos para jubilarse.

No solo eso, puede ser que el 13% para el ahorro para el retiro, no sea sobre todo el salario, tan solo lo que se conoce como “salario base”, con lo cual el incremento en la pensión producto de la reforma anunciada será mínimo. El otro costo es que si a un empleado se le ofrece un aumento del 5%, por dar un ejemplo, el patrón esté tentado a tomar del posible incremento salarial para el incremento en la contribución que hará a las aportaciones del trabajador. En otras palabras, traslada al empleado el incremento a sus aportaciones en una especie de “ahorro obligado” de facto. Podemos esperar, entonces, que los salarios no se incrementen ni sean competitivos como de otra manera pudiera haber sido.

Tenemos la obligación de ver siempre la otra cara de la moneda, al menos para no sentirnos frustrados en el futuro si las expectativas no se cumplen.

Gato por liebre
Existe el riesgo, y hay que señalarlo, de que la celebrada propuesta erosione más el intrincado tejido social e institucional que el titular del ejecutivo prometió defender y mejorar. Y es que mientras el resto de los países del mundo ven la forma en cómo apoyar a sus empresarios con esquemas excepcionales, aquí se procura volverles más vulnerables a largo plazo.

Ya dije: la reforma en cuestión es necesaria, pero esta iniciativa no es lo que parece ni lo que el presidente López Obrador nos ha hecho creer. O podría no serlo. En tal caso, pronto quedará claro que a unos y a otros nos habrá vuelto a llevar al baile. El gobierno de la 4T ya la presume como un triunfo. No lo es de forma clara y quizá para la sociedad nunca lo será, y de seguir tan incompleta la iniciativa como se encuentra, dentro de muy poco los costos de implementarla serán mayores a sus beneficios.

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