La falta de oportunidades laborales y los bajos ingresos en sus comunidades de origen han obligado a integrantes de pueblos originarios a buscar alternativas económicas en las ciudades. Lejos de sus lugares de origen, algunos encuentran en la venta de artesanías una de las pocas formas de obtener recursos para sostener a sus familias.
Pedro González González, integrante de la comunidad mazahua, explicó que la diferencia entre los salarios y el costo de vida es uno de los principales motivos que impulsan la migración. En las comunidades, dijo, los empleos son escasos y las remuneraciones no siempre alcanzan para cubrir las necesidades básicas.
“Los sueldos son muy, muy bajos y, por ejemplo, una máquina le paga 2 mil pesos, pues ahí te pagan mil 200 por trabajar en alguna fábrica”. A esa situación se suma el costo de los alimentos. González González señaló que, aunque en las comunidades existe la posibilidad de obtener algunos productos directamente del campo, otros alimentos tienen precios más elevados que en las ciudades, lo que complica todavía más la economía de las familias.
En el campo, explicó, todavía es posible encontrar productos de temporada como nopales, charales, frutas y maíz, además de conservar conocimientos tradicionales relacionados con la producción y aprovechamiento de los alimentos. Sin embargo, esas posibilidades no siempre son suficientes para garantizar un ingreso estable durante todo el año.
La migración, entonces, aparece como una alternativa ante la falta de empleos formales. Algunas personas llegan a las ciudades sin una preparación laboral vinculada con fábricas o empresas y terminan recurriendo a actividades que conocen o que pueden comenzar de manera inmediata, como vender artesanías en calles, cruceros y establecimientos comerciales.
“Anteriormente vivimos nosotros de esa manera, porque veníamos a trabajar un tiempo, vendíamos cosas y nos íbamos; no teníamos una estabilidad aquí”, recordó el representante mazahua, al describir una etapa en la que la venta en cruceros y afuera de tiendas era una de las opciones para conseguir dinero.
La falta de documentación y el desconocimiento de los procedimientos para acceder a determinados empleos también representan una barrera. Para quienes llegan de comunidades alejadas, incorporarse a un mercado laboral formal puede resultar complicado si no cuentan con documentos, capacitación o información suficiente sobre las oportunidades disponibles.
A ello se agrega la discriminación que enfrentan algunas personas indígenas al buscar trabajo o al desarrollar actividades comerciales en espacios públicos. La venta de artesanías no sólo representa una fuente de ingreso, sino también una manera de mantener conocimientos, diseños y prácticas culturales que forman parte de la identidad de sus pueblos.
En las ciudades, la presencia de vendedores indígenas se vuelve visible en distintos puntos, donde ofrecen piezas elaboradas con técnicas y materiales propios de sus comunidades. Detrás de cada producto existe, sin embargo, una historia marcada por la necesidad de migrar, la búsqueda de mejores condiciones económicas y el esfuerzo por conservar una forma de vida que enfrenta cada vez mayores dificultades.
Para muchas familias, salir de sus comunidades no significa abandonar su cultura. Por el contrario, las artesanías se convierten en un vínculo con su lugar de origen y en una herramienta para sobrevivir en un entorno urbano que les exige adaptarse mientras buscan una oportunidad que les permita permanecer y salir adelante.





