Mujeres desplazadas hornean pan para superar la violencia

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Ana y María son dos personas desplazadas por la violencia en el municipio de Guadalupe y Calvo que encontraron en Parral una forma de comenzar de nuevo. A través del autoempleo y un par de hornos, convirtieron la elaboración de pan casero en una fuente de sustento para sus familias. Desde temprana hora lo preparan y por las tardes salen a las calles para venderlo, llevando en cada pieza el esfuerzo de quienes buscan salir adelante pese a haberlo dejado todo en la Sierra Tarahumara.

Su historia comenzó mucho antes de que esos hornos se convirtieran en una herramienta para sobrevivir, debido a que durante más de tres décadas su vida transcurrió en una comunidad de Guadalupe y Calvo, donde tenían sus casas, sus animales, sus huertas y una rutina construida alrededor del trabajo.

Con nostalgia recordaron que vivieron prácticamente toda su vida en la comunidad de Dolores, donde formaron sus familias: Qué tiempos tan bonitos cuando vivíamos en nuestro ranchito, todo era felicidad, cuando no había violencia.

Dejarlo todo por la violencia

Pero esa tranquilidad comenzó a cambiar cuando empezaron a conocer lo que ocurría en comunidades cercanas. Entre los sucesos señalados describieron enfrentamientos, detonaciones y caídas de explosivos o drones con explosivos, lo que generó temor entre las familias de la zona.

Ante esta situación comenzaron a salir por días de sus hogares, y después regresaban cuando consideraban que las condiciones permitían hacerlo. Durante un tiempo esa fue la manera de enfrentar el miedo, hasta que las circunstancias hicieron que ya no se sintieran seguras para volver.

Nunca hubo ninguna amenaza hacia nosotros, los malos se agarraban entre ellos, pero el vivir con miedo de que nos alcanzara una bala en medio de un enfrentamiento terminó por hacer que optáramos por salir de nuestro ranchito ya que los enfrentamientos cada vez eran más constantes y hacían insostenible la permanencia en el lugar donde vivimos durante tantos años.

Mencionaron que la decisión de salir significó dejar atrás una vida completa, debido a que no pudieron cargar con todo lo que habían conseguido durante más de tres décadas y tuvieron que abandonar sus casas, además de animales como vacas, caballos y gallinas, así como sus huertas y otras pertenencias.

De igual forma quedaron atrás los espacios donde habían trabajado y donde transcurrió buena parte de la vida de sus familias: Tuvimos que dejar todo lo que con esfuerzo logramos conseguir durante años.

Reiniciar la vida en Parral

Cuando tuvieron que marcharse, entre las pocas cosas que lograron llevar estuvieron dos hornos, uno perteneciente a una de ellas y otro de la familia. Esos objetos, que entonces parecían una herramienta más entre las cosas que podían rescatar, terminaron convirtiéndose en una pieza fundamental para comenzar de nuevo.

Al llegar a Parral, la familia tuvo que enfrentar una realidad distinta. Atrás había quedado la vida que conocían y adelante estaba la necesidad de encontrar vivienda y una manera de generar ingresos: Fueron días difíciles pero siempre hemos tenido en nuestro camino personas buenas que nos han ayudado.

Mencionaron que a través de un familiar lograron que se les prestara una vivienda, por lo que se establecieron en ese espacio, donde 12 integrantes de la familia se encuentran en una misma vivienda: Sí es difícil ya que somos muchos viviendo en una sola vivienda, no hay el suficiente espacio y es difícil comenzar en un nuevo lugar.

Otro de los problemas que enfrentan tras el desplazamiento son las rentas elevadas de vivienda y la necesidad de permanecer cerca de los lugares donde pueden conseguir trabajo, por lo que las posibilidades de reubicación se reducen aún más.

Rechazo de apoyos oficiales

A esa dificultad se sumó la falta de apoyos que, según relataron, esperaban encontrar después de su desplazamiento, debido a que acudieron a reuniones con personas en situación similar y escucharon propuestas sobre vivienda y otros respaldos, pero aseguraron que esas alternativas no llegaron a concretarse.

También explicaron que, al buscar ayuda ante el gobierno municipal, presentar la documentación que acreditaba su procedencia del municipio serrano se convirtió en una dificultad para acceder a determinados apoyos. Ante esa situación, tuvieron que buscar por sus propios medios la manera de obtener recursos para mantener a sus familias: Nos decían que no se nos podía dar ayuda porque éramos de Guadalupe y Calvo, que allá teníamos nuestro domicilio; no creyeron que éramos desplazadas.