Un oasis educativo: la secundaria Salvador Allende sobrevive con maestros voluntarios

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En medio de carencias, caminos de tierra y viviendas sin servicios básicos, la Escuela Secundaria por Cooperación Salvador Allende #8305, ubicada en el Kilómetro 27, se mantiene como un “oasis” educativo para cientos de jóvenes del suroriente de esta frontera.

En este plantel, 13 maestros sostienen las clases de manera voluntaria. Algunos acumulan hasta 15 años de servicio, otros 7 o 5, sin importar si reciben una remuneración fija. Sus perfiles son diversos: hay psicólogos, docentes con formación inconclusa y profesionistas que encontraron en la enseñanza una forma de ayudar.

Es parte del modelo por cooperación, el cual implica que gran parte del personal docente no reciba un salario formal, sino apoyos simbólicos gestionados a través de asociaciones, ya que de origen su financiamiento dependía de cuotas de padres de familia y su registro administrativo es similar al de un plantel privado, lo que históricamente les impedía acceder a recursos estatales o federales.

Ninguno de los docentes ha ingresado mediante concurso a una plaza de la Secretaría de Educación Pública (SEP) a través del proceso de admisión del USICAMM.

En ocasiones, asociaciones cristianas que apoyan a la escuela les otorgan alrededor de 100 dólares una vez cada 15 días por estar frente a grupo, aunque este apoyo no es fijo ni obligatorio.

La incertidumbre marca el futuro de estos docentes voluntarios; una vez que la escuela cambie de clave y se incorpore oficialmente al sistema estatal (lo cual podría concretarse este año), el Gobierno del Estado asignará una plantilla formal de maestros, lo que podría dejar fuera a quienes han entregado sus años a la enseñanza, salvo que les sean ofrecidos espacios administrativos como prefecturas o labores administrativas, algo que hasta ahora no está garantizado.

Este proceso forma parte de la estrategia del gobierno estatal para regularizar estas escuelas mediante el cambio de clave de registro, pasando de la modalidad por cooperación a una oficialmente estatal.

Nace una escuela en la zona más vulnerable de Juárez

Con apenas 13 alumnos en sus inicios, hoy el plantel, fundado hace 26 años, atiende a estudiantes provenientes de un amplio corredor que va del kilómetro 20 hasta el 34, en condiciones de alta vulnerabilidad social.

El director y fundador, José Luis Arellanes, recuerda que la escuela nació prácticamente desde cero: “Esta escuelita nos costó desde la barda hasta los salones; lo demás lo construimos nosotros con apoyo de asociaciones”.

La secundaria forma parte de la Zona 62 de escuelas estatales, que atiende a cerca de 5 mil alumnos en 10 planteles del suroriente de la ciudad, según explicó el supervisor Javier Hernández Castro.

En este sector, las condiciones sociales son especialmente adversas. “No hay agua potable, no hay servicios sanitarios; la situación económica es muy precaria”, señaló el directivo.

Las familias dependen en su mayoría de empleos en maquiladoras o trabajos eventuales y, con la reciente crisis laboral, algunos padres han perdido sus ingresos, lo que impacta directamente en los estudiantes.

Otros, hacen trabajos de albañilería y a varios padres de familia, se les puede ver recolectando material reciclable a la orilla de la carretera para llevarlo a vender, explicó el director. “Hay niños que llegan sin comer. A veces los maestros tenemos que sacar de la bolsa para ayudarles”.

Muchos padres de familia ni siquiera cuentan con los 300 pesos de cooperación que se les pide para inscribir a los estudiantes cada ciclo escolar. Y aún así, a nadie se deja fuera, resaltó el director.

Maestros por vocación, sin sueldo fijo

Este modelo por cooperación mantiene a los docentes en una situación precaria, sostenida principalmente por la vocación.

Uno de ellos es el psicólogo Edgar Armando Lozano Marín, egresado de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), quien imparte Formación Cívica y Ética en el plantel.

“Yo trabajo en otro lado, esto lo combino con otra actividad. Venir aquí me deja ayudar, simplemente ayudar”, expresó.

Llegó a la escuela por invitación del director y decidió quedarse por compromiso social: “Desde entonces siempre he estado aquí ayudando”, dijo.

Sobre las condiciones de sus alumnos, señaló que enfrentan múltiples carencias: “Algunos no traen útiles escolares, entonces tengo que hacer muchas adecuaciones y trabajar mucho en equipo”, comentó.

Además, reconoció las limitaciones para implementar herramientas tecnológicas en un contexto donde muchas familias no cuentan con lo básico.

Otro de los principales obstáculos que enfrenta la secundaria es su estatus como escuela por cooperación, lo que impide que los alumnos accedan a programas federales como becas educativas.

Apenas un 30 por ciento de los estudiantes cuenta con apoyo estatal, mientras que el resto, carece de cualquier respaldo económico. Sin embargo, el cien por ciento de los alumnos lo necesitan.

El supervisor Javier Hernández detalló que esta situación, fue una de las que motivó la transición de las escuelas de clave 83 (por cooperación) a clave 30 (oficiales), cuyo proceso además permitirá acceder a recursos y regularizar al personal. “Ese cambio nos va a ayudar mucho, porque el gobierno tendría la obligación de hacerse cargo de la plantilla”, indicó.

Educación sostenida por la comunidad

Ante la falta de recursos, la escuela sobrevive gracias a donaciones, asociaciones civiles y el respaldo de la comunidad.

Organizaciones religiosas y civiles aportan desde útiles escolares hasta alimentos para los alumnos, mientras que empresas han donado materiales para infraestructura.

Incluso, el plantel opera sin personal administrativo: no hay conserje, secretaria ni prefectos. Aun así, los propios estudiantes participan en la limpieza diaria.

“Aquí todos los días se lavan los baños, y no hemos tenido problemas de salud”, destacó el director Arellanes.

Pese a las condiciones, la secundaria mantiene una eficiencia terminal cercana al 98 por ciento, lo que refleja el esfuerzo de docentes y directivos por evitar la deserción.

Aunque existen casos de abandono por motivos económicos, el personal busca alternativas para que los jóvenes continúen sus estudios.

“Les decimos: en lugar de estar en la calle, vénganse a la escuela, y vemos cómo le hacemos”, expresó el director.

Desde el aula, los propios maestros hacen un llamado a la sociedad para voltear a ver este tipo de escuelas.

“A la comunidad le diría que se acerque, que apoye; cualquier ayuda suma para los estudiantes”, invitó por su parte el maestro Edgar Armando Lozano.Un semillero de oportunidades

El impacto de la escuela ha trascendido generaciones. Exalumnos han logrado concluir estudios universitarios e incluso regresar como profesionistas para apoyar a la institución.

Para autoridades educativas, este plantel representa un ejemplo de cómo la vocación docente y el trabajo comunitario pueden sostener la educación en contextos extremos. “Ha sido la flor que nace en el desierto”, resumió el supervisor.

Mientras avanza el proceso para su regularización, la Secundaria Salvador Allende continúa operando con lo que tiene: compromiso, gestión y la convicción de que la educación será la única vía para transformar el entorno de sus estudiantes.